Messi pugna con Gayà, durante el partido en el Camp Nou. LLUIS GENEAFP-PHOTO

El equipo azulgrana se repone de su eliminación continental con un sufrido triunfo frente a un ineficaz Valencia. Queda a siete puntos del título de Liga

Goles de Luis Suárez y Umtiti para el récord de imbatibilidad de la Liga (39 jornadas sin perder). Parejo recortó distancias tras un penalti de Dembélé.

Ernesto Valverde, apesadumbrado, musitó en la víspera que, tras el derrumbe en la Champions, aquello se estaba convirtiendo en una novela de terror. Llegó el día del partido frente al Valencia y el sol, el de verdad, no apareció por ninguna parte. La tarde de perros, con su correspondiente bruma y su cielo ceniciento, quedaba que ni pintada para dar ideas a Lovecraft. Sólo faltaba que el monstruo Cthulhu emergiera de los asientos vacíos del Camp Nou para tragarse a los desdichados turistas. Estos ni sufren ni padecen. Sólo aplauden y hacen fotos. Benditos. [2-1: Narración y estadística]

Los futbolistas del Barcelona, a los que les costó mostrar siquiera una sonrisa ante un Valencia al que sólo condenó su mala traza frente a la portería de Ter Stegen, resoplaron aliviados. Se dejaron llevar durante varios tramos por el ritmo cachazudo de Messi. Vieron cómo Parejo, tras un penalti inocente de Dembélé, discutía el triunfo al final. Pero se las apañaron para quitarse un buen peso de encima. El triunfo azulgrana, el que servía para certificar el récord de imbatibilidad de la Liga (39 jornadas sin perder entre dos temporadas), coloca a los de Valverde a sólo siete puntos del título. En cuanto al Valencia de Marcelino, tiempo tendrá para explicarse cómo dejó escapar el partido.

Valverde no cambió el registro, por mucho que el desastre en el Olímpico de Roma invitara a la quema. Así que hizo aquello que Toschak relataba con su sorna británica. «Los lunes siempre pienso en cambiar a diez jugadores, los martes a siete u ocho, los jueves a cuatro, el viernes a dos, y el sábado ya pienso que tienen que jugar los mismos cabrones». Insultos a un lado, el técnico del Barcelona creyó conveniente que sólo había que hacer dos cambios. Uno forzado (Paulinho por el lesionado Rakitic), y otro táctico (Coutinho, como falso extremo diestro, para que Sergi Roberto ocupara el lateral de Semedo).

Oportunidades por ambos bandos

Al menos, el Barcelona mostró soluciones de las que no hubo rastro en Roma. Logró salir de la presión avanzada, sumó oportunidades -aunque también las amontonó el Valencia en el primer acto-, y puso empeño en los balones divididos. Aunque volvió a penar graves errores en zonas de riesgo que los de Marcelino siempre se quedaron a un paso de aprovechar. Hasta tres veces rondó Guedes el gol, dos de ellos evitados por Ter Stegen.

Al Barcelona, mientras, le bastaba con ir trampeando gracias al gol de Luis Suárez al cuarto de hora. El uruguayo, al que las cámaras grabaron a la salida del vestuario sentado en la escalera y el gesto propio del hastío, fue el gran protagonista en el amanecer. Comenzó viendo con sorpresa cómo la pelota pasaba bajo su pie izquierdo cuando Iniesta sólo esperaba que marcara. Poco después juraba en arameo porque Jordi Alba le había negado una asistencia. El lateral zurdo correría a disculparse con Suárez justo cuando el ariete celebraba el gol inaugural. Coutinho, el gran faro esta vez del equipo, le había dejado solo frente a Neto tras superar con el exterior a tres rivales.

Messi remataba más de cabeza que con el pie. Y Ter Stegen, una vez más, minimizaba uno de sus clásicos errores con una parada a bocajarro frente a Rodrigo. No iba a ser la tarde del delantero del Valencia, a quien Piqué le sacó el empate un suspiro después de que Umtiti, que venía de un resbalón con aire a drama, rematara a gol un córner botado por Coutinho.

Intentó el Barça acabar con cierta gracia. Iniesta dibujó una gran volea y Messi dio señales de vida. Fogueo. Dembélé, atolondrado, asomó en el partido para dar vida al Valencia. Se llevó el francés por delante a Gayà en el área. A Ter Stegen se le coló bajo el brazo el balón del penalti de Parejo. Neto arrebató después la sentencia a Denis. Y Valverde, al borde ya de un ataque de nervios, tuvo que sacar a Semedo para perder tiempo.

En el fútbol, antes o después, uno logra escapar de la tormenta.

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