Vídeo: Miguel Merino

Considerado monumento nacional por los noruegos, en sus tripas alberga el museo de esquí más antiguo del mundo

Con solo levantar la vista lo descubres en lo alto, asomando la gaita por encima de las colinas de Holmenkollen. Desde muchos lugares de la capital de Noruega se ve el espectacular trampolín de saltos de esquí. No sabemos hasta qué punto la circunstancia reafirma la relación que tienen los noruegos con este monumento de carácter nacional, pero es referencia habitual en la sociedad nórdica.

Los Reyes de Noruega son habituales espectadores de los eventos deportivos que aquí se celebran, como el Día de Holmenkollen, tan importante para ellos, que lo llaman 'el Otro Día Nacional Noruego'. El trampolín es la atracción turística más popular de Noruega y por su cantidad de visitantes, sólo puede compararse con los estadios de Wembley y Santiago Bernabéu.

A poco que uno sea aficionado a los deportes de nieve, cuando se visita Oslo, entra el gusanillo por conocer el salto de esquí más famoso del mundo. Basta coger el metro para llegar hasta Vestre Aker, barriada residencial oslense en la que puede practicarse el esquí por cierto. Merece la pena visitar esta obra de la ingeniería moderna que, además de albergar competiciones como la Copapero sobre todo porque acoge en su interior el Museo de Esquí más importante del mundo.

4.000 años de esquí

Si el trampolín resulta excepcional, mucho más lo es el Museo de Esquí de Holmenkollen. En sus salas se dan la mano el deporte, la antropología y la ciencia. Aquí se ha reunido una historia de 4.000 años alrededor del esquí. Desde los antiguos dibujos rupestres, que representan a hombres de las regiones de Alta y Rodoy, en el norte de Noruega, encima de primitivos esquís, hasta los últimos modelos de tablas, como los Atomic con los que Aksel Lund Svindal, la gran estrella del esquí alpino actual noruego, ganó el descenso y el eslalon gigante de la Copa del Mundo de 2007.

Sala principal del Museo del Esquí de Holmenkollen. A. Merino

La primera sala del museo está consagrada a algo no menos transcendente que el esquí para los noruegos: las exploraciones polares. Objetos originales como trineos, raquetas de nieve, libros, útiles de comida, ropajes, tiendas de campaña… incluso un perro y un oso disecado, ofrecen una completa perspectiva de las relaciones del hombre con las regiones más frías del planeta, comandadas por Fridtjof Nansen y Roald Admunsen, los dos más grandes exploradores de las regiones polares.

De gran interés son las referencias al esquí de las épocas más antiguas. Instrumento indispensable para la vida en las regiones árticas, en el museo se puede ver las diferentes clases de tablas y su evolución. Herramienta de caza y desplazamiento, Christiania, Telemark y la menos conocida Andor o Hedmark , que utiliza un esquí de 3 metros de largo para deslizarse, y el otro mucho más corto y con piel de alce o reno en la suela, para darse impulso y que solía colocarse en el pie derecho.

Primitivas ataduras de simples cuerdas primero y luego correas de cuero, las más tempranas fijaciones de seguridad, que aparecieron en los pasados años 50, el paso de la madera al metal y luego a las fibras modernas. De los esquís adornados con tradicionales grabados a los modernos serigrafiados. Todo se muestra en un apasionante viaje sobre la nieve a bordo de las tablas, que concluye con una exposición de fotografías de descensos de esquí y snowboard por los lugares más extremos del planeta.

Por las tripas del trampolín

Desde el último piso del museo se accede al ascensor que lleva a la cumbre del trampolín de Holmenkollen. Es un viaje de dos minutos que lleva al vértigo y recorre el interior de esta obra cumbre en su estilo. Con una altura de 69 metros, es el más largo del mundo. En su construcción se utilizaron 1.200 toneladas de acero y mide 97 metros. El actual trampolín fue reconstruido para adecuarlo a las exigencias de la Federación Internacional de Esquí, FIS, para poder celebrar aquí el Campeonato Mundial de Esquí Nórdico de 2011. Aseguran que fue el mejor de cuantos han acontecido hasta la fecha.

A la derecha, esquís de Aksel Lund Svindal junto a los de otros recientes campeones noruegos.

La primera vez que se celebró una competición de saltos de esquí en Holmenkollen fue en 1892, lo que hace a este trampolín contemporáneo de la primera edición de la Decana, la Lieja-Bastoña-Lieja belga, el más antiguo de los llamados Monumentos ciclistas, que ha disputado su última edición el pasado domingo. Los datos de tan temprana competición resultan curiosos 126 años después. En una estructura de troncos de madera, cubierta a paletadas de nieve y ante 12.000 espectadores, un tal Arne Ustvedt, resultó ganador con un vuelo de 21,5 metros. El récord actual lo ostenta el austriaco Andreas Koflen, con 139 metros.

Algo que es posible gracias a la pendiente de 42.5º que tiene la rampa de este trampolín, con una distancia entre la plataforma de salida y el borde de despegue de 48 metros. Cuando se lanzan por ella, los saltadores salen disparados a 92 kilómetros por hora.

Instalados en el vértigo

Desde las terrazas del mirador aquí situado, los días de buen tiempo la vista se extiende por las boscosas colinas que rodean el trampolín y donde se celebran famosas competiciones de fondo y biatlón, especialidad que combina el esquí nórdico con el tiro de precisión. Más allá, el panorama se prolonga hasta el fiordo de Oslo.

El Museo alberga una completa colección de modelos que explican toda la evolución del esquí.|

Por el otro lado, puedes asomarte a la rampa de saltos. Cuando lo haces y miras hacia abajo, convienes que tal vez sería más adecuado llamarla rampa de lanzamiento. Con solo mirarla, el vértigo invade a los visitantes. Allá abajo, hoy difuminada en mitad de la niebla, se vislumbra la Arena, plano que desde estas alturas se antoja mínimo y en el que aterrizan los saltadores. Rodean a la pequeña mancha de nieve gradas en forma de herradura, en las que se acomodan más de 70.000 espectadores. La Arena es uno de los estadios deportivos más impresionantes del mundo.

Ski Simulator

Saltar se antoja imposible para el común de los humanos, aunque Holmenkollen ofrece una opción interesante. El Ski Simulator, atracción con forma de cápsula espacial, en cuyo interior los turistas se acomodan para ponerse en la piel de los saltadores y de un participante de una prueba de descenso. Esto significa experimentar un vuelo de 100 kilómetros por hora y una bajada de hasta 120 kilómetros por hora. No está mal para no moverse del asiento, aunque eso sí, agarrados como gatos a la barra de seguridad.

El Ski Simulator de Holmenkollen.

Cuando acaba la temporada de nieve y aún se escuchan los chissss del último salto de los esquiadores, Holmenkoller prepara otra atracción aún más adrenalínica. Sobre la rampa, los operarios preparan la instalación del Kollensvevet, tirolina salvaje de 361 metros de longitud y 107 metros de caída que promete eso: pasarlo horrible y recibir un choque de adrenalina no apto para cardíacos. En fin, que volar en Holmenkollen también es posible en verano.

Guía

Para llegar a Noruega, la línea aérea Norwegian ofrece vuelos desde Madrid y Barcelona hasta Oslo a partir de 72 euros ida y vuelta. Desde Gardermoen, el aeropuerto de la capital noruega salen trenes a Lillehammer. Aunque la mejor opción para poder moverse entre los diferentes centros de la región es alquilar un coche.

Una vez en Oslo, tomar el T-Bane, el metro de la ciudad. Coger la Línea 1, azul, dirección Frognerseteren, hasta la parada del mismo nombre que el trampolín, Holmenkollen.

Más información. Oficina de Turismo de Noruega en España, www.visitnorway.es y Oficina de Turismo de Oslo, www.visitoslo.com.

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