Márquez, Iannonne y Viñales, en el podio de Austin. Foto: MotoGP

El español logra su primera victoria del año en Austin, donde ha ganado las últimas seis carreras

Viñales e Iannone le acompañana en elpodio, mientras Rossi termina cuarto

Nunca necesitó tanto una victoria.

El atropello a Valentino Rossi en Argentina había devuelto a Marc Márquez a un enredo con más peligro que cualquier derrota. Una polémica en cada una de sus palabras, los comisarios atentos a sus acciones, un abucheo esperándole en todas las gradas. Ya le ocurrió en 2015 tras la patada del italiano en Sepang: corría el riesgo de volver a perder un Mundial, su felicidad y miles de seguidores. El plan para salir del barullo consistía en alejarse de los micrófonos y centrarse en el asfalto, pero cada día esas aspiraciones se torcían. [Así quedó la carrera de Austin]

El viernes, en la Comisión de Seguridad, entró en una discusión con Rossi que acabó con reproche de éste: «¿Por qué te comparas conmigo? Yo he tirado a cuatro pilotos en 20 años de trayectoria; tú tiraste a cinco en una misma carrera». Y el sábado en la clasificación obstruyó a Maverick Viñales y fue sancionado. El desasosiego por la discusión con el italiano y los tres puestos de parrilla perdidos eran lo de menos; el problema era el runrún a su alrededor.

Nunca necesitó tanto una victoria.

Y este domingo la obtuvo como sólo los mejores saben hacerlo: como si nada. En Austin, el circuito con más curvas del Mundial, ideal para su estilo, se esperaba su triunfo, pero sorprendió la desmesurada ventaja. Pese a salir desde del cuarto puesto, en la primera vuelta ya estaba líder y en la cuarta ya había ganado. Andrea Iannone intentó seguirle hasta entonces, pero varios zarandeos de Suzuki le descubrieron que era imposible. Entre Márquez y sus rivales pronto se abrió un abismo -llegó a tener casi siete segundos de margen- que engulló cualquier incertidumbre. «Hoy no tenía confianza para meterme en peleas y por eso he apretado desde el principio para conseguir un hueco. Era mi estrategia y ha salido bien», analizó él, que lanzó un gesto tranquilizador al cruzar la meta.

Su superioridad en el circuito estadounidense devolvió MotoGP a 2014, cuando allí dijo que su victoria sido «hasta aburrida» y a 2016, cuando su equipo incluso le invitó a frenar desde el garaje. Seis temporadas en la categoría reina, seis victorias en Austin. Una racha que, en los tiempos modernos, sólo logró Casey Stoner en Australia: Valentino Rossi o Mick Doohan no lo hicieron. Una racha que recuerda más a la era de Giacomo Agostini, cuando casi todos los trazados del campeonato eran suyos.

La temporada está salvada.

Es cierto que es abril, que el Mundial todavía no ha llegado a Europa y que faltan 16 carreras, pero en caso de fallo, todo hubiera quedado en duda. En su propio equipo admitían que, como también pasó en 2015, Márquez podría haber renegado de su propia agresividad. Es cierto que cuatro títulos de MotoGP en cinco años es un argumento para la confianza, pero los titubeos siempre están al acecho.

Ahora vuelve a estar seguro de seguir su plan y bien situado para aguantar la peor época del año para él: vienen cinco circuitos, Jerez, Le Mans, Mugello, Montmeló y Assen, en los que lleva tres cursos sin celebrar una victoria.

La temporada está salvada.

Y además vuelve a ser favorito al título. Porque todos los rivales andan empequeñecidos. El nuevo líder del Mundial es Andrea Dovizioso, con un punto de ventaja sobre Márquez, pero como el año pasado es irregular. En los circuitos revirados, donde su Ducati no puede imponer su velocidad, el podio se le aleja. Acabó quinto a una eternidad, con su compañero, Jorge Lorenzo, quien demuestra las verdaderas limitaciones de su moto, en undécimo puesto.

Luego, entre los titubeantes candidatos a campeón, está Maverick Viñales. Como ya había advertido en los entrenamientos, en Austin ofreció el segundo mejor ritmo y se subió al podio por delante de Iannnone, pero tampoco se antoja sólido. Su alegría de este fin de semana contrasta con el desasosiego de Qatar y Argentina y así es imposible. Rossi, cuarto este domingo, mantiene su capacidad para estar siempre delante, pero la velocidad de los jóvenes es inalcanzable. En solo una carrera, Márquez recuperó la tranquilidad y redirigió un Mundial que había empezado a peligrar.

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