Alpe d'Huez y las montañas de Isère. MIGUEL MERINO

Cuando después de sufrir las 21 curvas más míticas de la historia de las dos ruedas, alcanzas las primeras casas del Alpe d'Huez la descubres allí, colgada en el porche del 'O Bar'. Si, por el contrario, acabas la jornada de nieve y, como ocurre este año de nevadas inagotables, desciendes esquiando hasta la puerta de tu hotel o de donde vayas, el citado 'O Bar' en este caso, también te la encuentras.

Sea invierno o sea verano, subas a bordo de una bici o navegues sobre tus tablas, siempre acabas delante de esta bicicleta blanca. Y es algo que nos gusta, pues simboliza mejor que cualquier otra cosa a la estación bandera de las montañas de Isère. Bicicleta, que remite a las interminables curvas del puerto de los puertos de la historia del ciclismo mundial. Blanca, como el color de la nieve que este invierno más que nunca, cubre hasta el último rincón de la estación alpina francesa. Hoy esquiamos en Alpe d'Huez, hoy curveamos en el cielo de los ciclistas.

Darse una bajada desde el Plat des Marmottes, lanzarse desde la Dôme des Petites Rousses por alguna de las fantásticas pistas que llevan a L'Alpette o irse al alejado pero encantador Montfrais o marchar en la ruta mitad descenso, mitad exploración, que recorre las gargantas de Sarenne. Mínimo ramillete de las posibilidades inabarcables que ofrece esta estación de montaña.

Suficientes en cualquier caso, para afirmar que estamos en uno de los más apetecibles dominios blancos de los Alpes. También suficientes para entender el porqué en esta soleada meseta de las Grandes Rousses se esquía desde los inicios del siglo XX.

La Dôme des Petites Rousses y las pistas rojas que descienden hacia Alpe d'Huez. MIGUEL MERINO

Cuenta la historia que hasta esta majada pastoril, donde la nieve echaba a los hombres desde noviembre a junio, instauró el esquí una institutriz llamada Marie Muller, quien con unos esquís ganados en un concurso se lanzó hacia 1910 por estas laderas junto con los niños que cuidaba. Era la primera vez que se esquiaba en el Alpe d'Huez. Siempre atento a las novedades, el Touring Club de Francia tomó buena nota del asunto, convirtiéndose en 1923 su chalet en el primer gran foco turístico para recibir a los esquiadores de las montañas de Isère.

El primer telesilla

En 1935 se construyó el primer telesquí desembragable de la estación. L'Éclose, uno de los primeros de la historia del esquí. Merece la pena detenerse un momento en el artilugio. Diseñado por el ingeniero grenoblés Ponagalski. Funcionaba con la ayuda de un motor de vapor que movía un cable sostenido por pilonas de madera, de donde colgaban perchas fijas, también de madera.

Quién diría que el ingenio fue denostado por los puristas de la época, que llamaron al descenso que daba servicio aquel remonte la 'pista de los idiotas'. Para gloria de Ponaglaski y descrédito de aquellos idiotas, hoy cruzan los cielos del dominio 84 remontes mecanicos.

Entre todos destaca el TCP Télécentre. Y no precisamente por su modernidad. Como buena ciudad que es, Alpe d'Huez tiene su servicio de transporte público. Es un autobús muy particular, pues va por el aire. Es en realidad un teleférico, el TCP, que cruza la población y aquí se utiliza como un autobús de línea regular.

Singular convoy en el que destacan sus cinco cabinas abiertas, que asemejan grandes cestas en cuyo interior se aprietan turistas y esquiadores. Lento hasta exasperar, si montas en el TCP te verá toda la estación. A veces de esto se trata, y además, con forfait es gratuito.

Foto: MIGUEL MERINO

Las dimensiones de Alpe d'Huez le permiten ofrecer servicios para todos los gustos y niveles. Desde el selecto ramillete de hoteles cinco estrellas y restaurantes laureados, territorio de la beatiful ski people internacional desde aquellos lejanos años 30, hasta las humildes pensiones para estudiantes y hoteles sin pretensiones, refugio de turistas humildes.

La licenciatura del deporte blanco

Todo es grande en este dominio de más de 10.000 hectáreas. Su población está cifrada en 1.700 residentes durante todo el año. Paradoja que permite en un magnífico territorio esquiable un asentamiento nacido al estilo desarrollista que se impuso en las montañas francesas en los pasados 60. Por tener, aparte de la sorprendente iglesia construida en aquellos años, tiene una piscina termal municipal de dimensiones casi olímpicas.

Enclavado en el borde del salvaje Parque Nacional de los Ecrins, no muy lejos de Grenoble, Alpe d'Huez es un soberbio resort con unos bestiales 237 kilómetros de pistas de todos los niveles, especialmente de dificultad media y alta. Complementan los datos técnicos 900 cañones de nieve que cubren más de 75 kilómetros de descensos.

Con una altitud media de 2.200 metros, Alpe d'Huez se extiende entre 1.860 y unos nada desdeñables 3.300 metros de altura. En la zona el sol luce 300 días al año. La isla del Sol ha sido uno de sus más reconocidos eslogans a lo largo de la historia. Algo que hace concluir que venir a esquiar aquí, casi es sinónimo de disfrutar de buen tiempo.

Foto: MIGUEL MERINO

Entre las 133 pistas de la estación destaca La Sarenne, la pista negra más larga de Europa: 16 kilómetros de longitud y 2.210 metros de desnivel negativo. Venir aquí y no bajarla es un crimen. Descenderla es conseguir la licenciatura del deporte blanco. Así hacemos y, cuando pasado un buen rato recuperamos el resuello, nos llevamos su buen recuerdo para siempre.

No están mucho más atrás los abundantes fuerapistas, algunos servidos por helicópteros que pueden tomarse en el helipuerto de la estación. Los de la Combe du Loup y Roche Melon son de los más reconocidos del arco alpino. Aparte del esquí, se pueden practicar mil y una actividades ligadas de una manera u otra a la nieve: alta gastronomía, resort en mitad de las pistas, raquetas, speedride, tubbing, mushing, el citado heliesquí, skimo, esquí nocturno, con antorchas, skibiking, alpinismo, descenso de barrancos…

De regreso al esquí, decir que en la cercanía del pueblo se extienden las zonas de principiantes y las pistas más sencillas. A medida que se gana altura, las pistas suben de nivel, de manera que las más exigentes se sitúan en la parte alta del dominio. Lo remata el Pic Blanc. Para alcanzarlo hay que tomar el telecabina des Grandes Rousses, que tiene dos sectores.

Ecos del Tour de Francia

Antes que por todos estos méritos, Alpe d'Huez es conocido en el mundo por otra razón que, aunque también deportiva, nada tiene que ver con el esquí. Desde julio de 1952, la carretera que sube hasta aquí pasó a formar parte de la historia del ciclismo. Fue cuando el Tour de Francia incluyó las 21 curvas en una de sus etapas.

Los sectores que descienden del Signal de L'Homme hasta Auris en Oisans y Maronne es el mejor lugar para verlas en todo el domino del Alpe d'Huez. El poder de las curvas con el nombre de los héroes principales del olimpo ciclista es tal, que logran distraernos de esas otras curvas que damos sobre nuestras tablas en bajadas tan recomendables como L'escapade o La Fuma. Entre aquellas y estas otras el cuerpo queda agotado.

Para recuperarse nada mejor que dejarse llevar por el menú del encantador restaurante Foret de Maronne. Bajo el sol del Delfinado en una mesa de la terraza, con un copa vino en la mano y mientras llega el gratinado, contemplamos como muy abajo sudan las curvas una interminable caravana de ciclistas y arriba, muy arriba, otros cuantos esquiadores negocian las curvas de la Sarenne o La Balme.

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