Kepa despeja el balón en presencia de Cristiano Ronaldo. JAVIER SORIANOAFP-PHOTO

El portero descartado por Zidane muestra su solvencia ante un Madrid sin tensión ni eficacia en las áreas

La Liga tiene más de un clásico, incluso en estos tiempos que sólo hay ojos para dos. Lo es un Madrid-Athletic, aunque con el primero lejos del título y sin riesgos de catástrofe, y el segundo sin opciones europeas y sin peligro de descenso, se trataba de un clásico sin la tensión suficiente, descafeinado. La primera consecuencia fue la ligereza defensiva en ambos equipos, algo que benefició inicialmente al Athletic por tener a los dos jugadores con más autoridad en las áreas: Kepa y Williams. Cristiano replicó de espaldas, casi sin tocar la pelota, para evitar un sonrojo. [Narración y estadísticas: 1-1]

Kepa dio y quitó razones a quienes le quisieron y descartaron para el Madrid, Florentino y Zidane, respectivamente. La planta, de negro, está en la tradición de Iribar, del Chopo; las manos, firmes, también. El portero y el delantero del Athletic brillaron muy pronto. Williams fue tan sutil como contundente su compañero. Habilitado por un envío de Córdoba, propio de un visionario, ganó el espacio a Sergio Ramos y elevó por encima de Keylor. Una definición de futbolista grande, diferente a la que minutos antes había tenido San José, lanzado en este caso por Raúl García, aunque mucho más escorado, todo hay que decirlo. En pocos minutos, el Athletic había repetido prácticamente la acción para descubrir las holguras del Madrid en el área, impropias de un duelo donde se compite a fuego. No era el caso.

El tanto no fue, sin embargo, el despertar del partido. Había llegado unos minutos antes, con un remate de Cristiano al larguero. El portugués está eléctrico. Todo lo contrario sucede con Benzema, su acompañante en el Bernabéu. El francés apenas apareció. Lo despidió la indiferencia. El silencio es peor que los pitos.

Última prueba antes del Bayern

La calidad casi siempre puede conceder al francés un gesto de altura, influyente, como en Málaga, pero cada vez significa menos en un Madrid donde la competitividad aumenta porque Zidane ha roto el mantra de la BBC. La prueba es cómo corre Lucas Vázquez, titular, lo mismo que Asensio. Empiezan las cábalas para saber qué significa eso en el último partido antes del Bayern, puesto que el Madrid no jugará el fin de semana, al ser su siguiente rival el Sevilla, uno de los finalistas de la Copa.

Asensio fue a buscar una pelota al banderín de córner y empezó, de espaldas a la portería, una carrera que le llevó al área pequeña, al remate ante Kepa, después de dejar atrás a dos jugadores del Athletic. Es de los futbolistas que cree en las jugadas imposibles y las hace posibles. Sin esa cualidad, es difícil ser figura en un club que es fe, balón e historia. Si hay debate, es sobre el orden en el que deben ponerse. La jugada de Asensio sólo encontró un obstáculo: el portero del Athletic. Kepa puso una mano baja y dura para desviar su disparo.

Iñaki Williams (i) supera a Keylor Navas (2i) para lograr el 0-1 en el Bernabéu. EFE

Es una de sus cualidades, aunque donde más se apreció su escuela fue en su forma de blocar un lanzamiento de Marcelo. El diseño de los balones, siempre a favor de los delanteros y en contra de los porteros, ha provocado que casi todos los guardametas opten por despejar, con los riesgos que tiene para la segunda jugada. Kepa trae un aroma antiguo, seguro. Frente a Varane, demostró agilidad y, en general, tuvo posición con un juego de pie solvente.

Sostenido por la ventaja, su portero y la solvencia de Unia Núñez, el Athletic aguantó con cierta comodidad el dominio del Madrid, bien en las transiciones pero sin la profundidad para crear ocasiones. Zidane llamó a Isco y Bale, porque necesitaba otras cosas. Al mismo tiempo, Ziganda dio minutos a Muniain, en este paulatino regreso, para retirar a Córdoba, un futbolista de futuro. En toda la fase de largas posesiones de los locales, sin embargo, lo más peligroso volvió a acontecer en el área de Keylor, en una doble ocasión en la que Córdoba lanzó al cuerpo de Carvajal y Raúl García, al larguero. El perdón en el Bernabéu es una mala cosa. Cristiano lo demostró, al desviar lo justo el lanzamiento de Modric. Fue la única vez que Kepa acabó batido, pero salió del Bernabéu de pie, como Cristiano.

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