Sergi Roberto agarra a Aspas, en la acción de la expulsión del barcelonista en Vigo. Salvador SasEFE

Los azulgranas, que iniciaron el partido sin canteranos ni catalanes por primera vez en 16 años, empatan en Vigo tras un gol en el ocaso de Aspas

El tanto llegó tras rebotar el balón en su brazo. Sergi Roberto, expulsado

Un Barcelona sin identidad, difícilmente reconocible y en inferioridad por la expulsión de Sergi Roberto resistió al acoso de Balaídos, allí donde Iago Aspas reina a su antojo. El delantero gallego, cuando el partido parecía morir bajo el manto azulgrana, aprovechó la única indecisión de Ter Stegen para arrancar el empate definitivo. Lo consiguió tras aprovechar el golpeo del balón en su brazo. Los azulgranas, en cualquier caso, agradecieron una última ocasión errada por Boyé, alargaron su racha de imbatibilidad en la Liga (40) y dieron otro pequeño paso hacia el título. Ahora le quedan seis puntos. [2-2: Narración y estadísticas]

Ya habrá tiempo, sin embargo, para analizar los daños colaterales. Juega el Barcelona cada vez más lejos de Cataluña. El Camp Nou se ha convertido en una atracción turística más y uno hace la ola con el mismo ímpetu con el que fotografía la Sagrada Familia. Su fútbol formativo, englobado en un concepto cada vez más etéreo como La Masia, se ha convertido en una zona de paso, donde los chicos crecen para luego buscar el exilio.

El estadio de Balaídos presenció una última muestra de la despersonalización del club azulgrana. Por primera vez en 16 años, el primer equipo alineó un once titular sin canteranos ni catalanes. La última vez que ocurrió fue en abril de 2002 bajo la tutela de Carles Rexach.

No extrañó, pues, que lo visto ante el Celta, por momentos, no tuviera ni pies ni cabeza. Valverde no había rotado durante toda la temporada, confiando su buenaventura a los futbolistas capitales. Con la final de Copa a la vuelta de la esquina y el título de Liga en el bolsillo, el técnico azulgrana sacó de golpe a toda la segunda unidad bajo la capitanía de Ter Stegen.

Yerry Mina y Vermaelen

Con Messi y Luis Suárez aguardando en el banquillo, y Piqué, Rakitic e Iniesta en Barcelona, fueron los actores secundarios los encargados de dar la cara en un estadio tan traicionero como Balaídos, donde los azulgranas llevaban tres años sin ganar. Así, Yerry Mina abandonó su estado catatónico para acompañar a Vermaelen en el centro de la defensa. Semedo, en la diana tras el derrumbe continental en Roma, recuperó su puesto en el lateral derecho mientras Digne concedía descanso a Alba.

Dicha retaguardia sufrió lo suyo. Aunque buena parte de culpa la tuvo el trío de centrocampistas. Paulinho, que llegó a golpear un balón en el palo y autor del remate que Alcácer acabó por convertir en gol, percutía a su manera. Denis Suárez no era titular desde el pasado 4 de enero, y lo penó perdiendo un sinfín de balones en zonas de riesgo. Suya fue, por cierto, la primera gran ocasión. En cuanto a André Gomes, poco más se podría añadir a lo ya conocido. El Barcelona pagó sus lagunas de concentración y su habitual trotar cachazudo con la acción que supuso el momentáneo gol del empate del Celta en el ocaso del primer acto.

André Gomes ofreció a Dembélé un pase horizontal con la misma gracia con la que uno da de comer a las palomas. Por supuesto, el extremo francés no llegó a la pelota y quedó inaugurado el enésimo contragolpe vigués. El portugués intentó corregir su error, pero en vez de entorpecer el centro de Maxi Gómez, optó por flotarle a dos metros de distancia. Al corazón del área pequeña llegó Jonny para rematar a gol. Las larguísimas piernas de Mina de nada sirvieron.

Marchaba el Barcelona a los vestuarios con mal sabor de boca pese a que Dembélé ofreció razones para lo contrario. El francés se las había apañado para apuntarse su primer gol como azulgrana en la Liga tras un gran golpeo con la zurda desde la frontal. Una jugada que había nacido en un mal pase de Jonny al que Coutinho y Alcácer dieron continuidad.

Pero el Barcelona no perdía de vista las orejas del lobo. Ter Stegen ya le había sacado goles a Maxi y Brais. Donde no llegaban los futbolistas azulgranas lo hacían las manoplas del portero alemán.

Volvió Messi con media hora por delante para situarse como falso ariete. Alcácer coronó un centro de Semedo que había rematado Paulinho. Pero Sergi Roberto, sustituto de André Gomes en el mediocentro, duró diez minutos sobre el campo tras ser expulsado por agarrar a Aspas, que volaba solo hacia la portería.

El Barcelona afrontaba el acoso. Emre Mor dio con Aspas y dejó a los azulgranas tiritando, sin ánimo de protestar la mano del delantero y con un empate como premio. Visto el panorama, bastó.

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