Isco pide perdón tras su gol al Málaga, el primero del Madrid. JORGE GUERREROAFP-PHOTO

Logra un gol de altísimo nivel técnico en una falta y capitaliza el juego en su tierra. El Málaga, condenado al descenso

Pedir la pistola y pedir perdón parecen dos acciones contradictorias. No en el fútbol, no para Isco, que quiso ser el mejor para su equipo, para su gente y para sí mismo. Su equipo es el Madrid y su gente, los malagueños. La falta que solicitó y ejecutó como el mejor Messi, descendente, colocada, conjugaba todos los deseos y emociones del niño, el futbolista y el hombre. Quería demostrar quién es y porqué, y buena parte de las respuestas estaban en La Rosaleda, donde se hizo jugador de tronío. Impío en el lanzamiento, fue piadoso en la no celebración. El debate lo ha perseguido toda la temporada, como otros años, como en los años venideros. El debate está en su naturaleza, en su juego, a contraestilo tantas veces en el Bernabéu, donde se corre más allá del horizonte. Quizá en el campo contrario que es el propio, encontró sosiego, ahora que el destino del Madrid lo necesita, aunque no siempre lo comprenda. Zidane lo sabe. Es su sino. [1-2: Narración y estadísticas]

En la medida en la que Isco sea capaz de asumirlo, de adaptarse, tendrá muchas cosas que decir en el Madrid. Precisamente, lo que tanto se le reprocha, parar el juego, es a veces algo recomendable. Hay que correr y parar, hay que parar y correr, porque el fútbol es velocidad y pausa, es conducción y asociación. En La Rosaleda, la configuración de Zidane, ya en época de rebajas, estaba más dispuesta a lo segundo, con Benzema como último vértice, e Isco, Lucás Vázquez y Asensio, más Kovacic. El centro del campo, en el que el único claro titular era Casemiro, se parecía mucho al de la versión B del Madrid que tantas buenas sensaciones dejó la temporada pasada. Con el francés en el lugar de Cristiano y el croata junto al brasileño, se dispuso en un 4-2-3-1, un dibujo poco habitual.

Para Benzema era una oportunidad de patrimonializar el gol, en un once sin Cristiano, en casa de descanso, y Bale, en el banquillo. Hasta cuatro veces tuvo remate, no siempre limpio, pero no pudo embocar durante la primera mitad. No es su mejor palo, está claro. El bueno estaba por llegar, en la acción del segundo tanto, un detalle técnico, una especie de paso de baile sobre la línea del área que desactivó a los defensores y habilitó a Isco. A un toque, el malagueño dejó el gol a Casemiro en su estirada hasta el área.

Recuperar a Benzema

Zidane está empeñado en la recuperación de Benzema. Es normal que exista empatía, por el juego que deja, sea o no a cuentagotas, por nacionalidad y hasta por cultura. El peligro es que el resto del vestuario entienda que no prevalece el sentido de la justicia. Ante la Juventus, el entrenador no dio motivos para pensarlo, al no ofrecer ni un minuto al jugador francés y optar por Asensio y Lucas Vázquez cuando había que llamar a los bomberos.

Lucas Vázquez se lo ha ganado. La tierra para el que la trabaja, y vaya si lo hace el gallego. Aporta muchas cosas al equipo: energía, desborde, presión y hasta gol en ocasiones. El penalti que provocó ante la Juve vale una temporada y un contrato. Lucas Vázquez sabe que por calidad su supervivencia en el Madrid estaría muy cuestionada, por lo que la condimenta con elementos que también son parte del fútbol. Benzema es lo contrario. Es posible modificar técnica y tácticamente a un futbolista, pero no cambiar la personalidad.

Con Lucas Vázquez, el Madrid tenía la agitación asegurada. Junto a un Carvajal en un estado excelente de forma y de excitación, en esa banda sólo pueden entrar estajanovistas. A la energía de ambos se añadió la de Kovacic. En el lugar de Modric o Kroos, aunque en distinta disposición, el croata es diferente. Hace esfuerzos por adaptarse al pivote, para dar equilibrio al Madrid en su ecuador, pero donde es poderoso es en la conducción. Hasta el área llegó para provocar la primera gran ocasión en La Rosaleda, al cabecear un centro de Lucas Vázquez desde la derecha. Roberto reaccionó como un felino. Portero de gran envergadura, lo es también de reflejos. La falta de Isco, sin embargo, le obligó a un imposible; la llegada de Casemiro fue como sentirse en el paredón frente a dos fusileros.

El portero, llegado con Míchel desde Grecia, ha sido uno de los pocos argumentos de este Málaga condenado. La derrota con el Madrid ha sido nada más que la puntilla. El mal ya estaba hecho. Los gritos contra el jeque Al-Thani, antes de inciarse el partido, lo decían todo. El mismo público que pitó al dueño del club, se puso en pie para aplaudir a Isco cuando se retiró del terreno de juego para dejar su lugar a Borja Mayoral. Zidane había decidido repartir minutos, algo que hizo también con Ceballos, del que su escasa actividad durante la temporada sólo se explica por posibles desencuentros en el vestuario.

Los jugadores de José González corrieron como locos detrás de la pelota, aunque ya sin tiempo para borrar la imagen del cadalso al final del camino. Apenas Iturra provocó un mano a mano perdido con Keylor, antes del gol mordido de Rolán sobre el pitido. El Málaga es un condenado y los responsables no son sus jugadores. Escuchen a la Rosaleda.

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